¿Qué tan cierto es el conflicto de convivencia entre perros y gatos?
Pablo Gómez, docente de Medicina Veterinaria de la Universidad San Sebastián, sede Patagonia, apunta a las características naturalmente opuestas entre ambas especies, pero afirma que cuando los tutores se informan, se puede lograr una buena relación entre canes y felinos al interior del hogar.
En su opinión, ¿Qué tan cierto es que los perros y gatos tienen naturalmente una mala relación?
“Si nos vamos a lo natural, en general, tenemos dos especies que vienen de orígenes muy diferentes y tienen conductas muy distintas. El perro viene del lobo, que es un animal gregario, que forma comunidades, que tiene buenos sistemas de expresión social, llámese vocalizaciones, lenguaje corporal, etc.
Por otro lado, tenemos un gato, un felino, que tiene pocas habilidades sociales porque de origen es un cazador solitario. El gato, si pudiera, estaría solo todo el tiempo. Entonces, si nos vamos a lo natural, son especies muy diferentes y que podrían tener desde la naturaleza, ciertos conflictos. Sin embargo, no hay que dejar de tener en cuenta que el gato es un animal poco sociable, por lo tanto, pudiese tener conflictos con muchas más especies. El perro, en tanto, es un animal más sociable que tiene interés en conocer otras especies.
Esto que acabo de decir, son las generalidades, después mucho se forma en las experiencias de cada individuo, en su genética personal, existen muchos otros factores que entran en juego, pero desde lo natural, son especies muy diferentes”.
¿Maneja antecedes del origen de esa creencia?
“No sabría decir de dónde viene el origen de esta creencia, que desde lo natural puede tener cierta justificación. Pero se me ocurre que, como todas las construcciones sociales, parten desde los medios de comunicación, desde el cine, la literatura, donde se empieza a construir esta idea de que son enemigos, cosa que muchos tutores de perros y gatos podrían decir lo contrario, que tienen animales que se llevan estupendamente, porque se puede y ocurre.
Pero, seguramente, detectan diferencias que tienen el uno con el otro, contrastes de personalidad muy grande y, en algún momento, se empezó a construir esta idea”.
¿Qué recomendaría a los tutores que ya tienen perros y gatos que no mantienen buena relación entre ellos?
“A los tutores y tutoras que ya tienen perros y gatos, que no tienen buena relación, los invitaría a entender, estudiar y comprender. Ahí es donde los etólogos clínicos tenemos una misión súper importante, porque más allá de hacer que sean amigos, lo primero que hay que hacer es que esos tutores y tutoras entiendan cómo es cada uno de ellos, primero desde su especie y después desde sus características individuales, porque no todos los perros y gatos son iguales. El perro tiene una historia, un origen y le han pasado cosas, o sea, cada perrito tiene un mundo interior que hace que forme su carácter, su conducta, y con el gato es lo mismo.
Por lo tanto, el primer trabajo que tenemos que hacer es guiar a las personas a que conozcan quiénes son los integrantes de su familia y por qué son así. A partir de eso, evaluar dónde están los puntos conflictivos, qué es lo que está generando problemas. Después de eso buscar soluciones y generar una relación armónica.
Sin embargo, una relación armónica no siempre es una relación de amistad, puede ser una relación de tolerancia, donde se logra convivir en el mismo espacio. Por ejemplo si el perro y el gato no se llevan bien, hay que lidiar con ello. A partir de ese lograr convivir, porque ya no hay roce, porque los conflictos fueron eliminados, se podrían llevar bien, pero esa es una etapa secundaria y que ocurre de manera espontánea en los animales, cuando ya se eliminan los puntos conflictivos. Probablemente terminen siendo amigos, pero esa no sería una meta realista, ya que no puedo trabajar o pretender que los individuos que no se quieren, se quieran. Pero sí, que se toleren y que tengan una relación armónica, eso se puede conseguir, pero es un trabajo a largo plazo e ideal que sea guiado por un profesional, en este caso un etólogo clínico”.
¿Qué recomendaría a tutores que tienen un perro y un gato y ahora desean tener otra mascota?
“A quienes ya tienen un perro y un gato, y ahora desean tener otra mascota, yo les preguntaría el por qué, dónde está esa intención, dónde se origina, cuál es la motivación que hay de fondo para que eso ocurra. ¿Por qué? Porque primero tenemos que preguntarnos cómo están las relaciones en la casa, si todo está bien o ya tengo algunos problemas (si este último es el caso, sería una muy mala idea). Sin embargo, si todo está bien, también uno diría que la introducción de un individuo puede generar un conflicto incluso en los que ya están. Entonces, ¿es estrictamente necesario correr el riesgo? Mis mascotas que amo, que se toleran y están bien ¿pueden verse afectados por este nuevo individuo?, y si ese ingreso tiene que ver con un tema personal, ¿será justo para la relación y sistema familiar?
Cada integrante nuevo exige un esfuerzo adaptativo muy grande de parte de un gato porque es un animal solitario, a pesar de que la gente no lo note, porque hay personas que tienen un montón de felinos y se llevan todos bien, genial, tuviste mucha suerte y disfruta de todos tus gatitos. Pero sería normal también que un gato no reaccione bien ante la llegada de un individuo.
Entonces, la primera invitación es replantearse muy bien si quiero seguir teniendo animales o si mis intenciones de amor hacia ellos, las puedo canalizar en los animales que ya tengo en casa”.
¿Qué consideraciones se debe tener al mantener ambas mascotas en el hogar?
“Lo primero, y vuelvo al origen de todo, es entender bien cómo son las especies. En el caso del perro, sus vínculos son importantísimos, entonces para tener un perro en el hogar, debo considerar tiempo para estar con él, para poder pasearlo, jugar y entretenerlo. Él necesita sentirse parte de esta familia multi especies.
Mientras que el gato, a modo general, no necesita tanto el vínculo. Sí necesita la distribución de los espacios de manera correcta. Los gatos se mueven en tres dimensiones, se mueven en metro cúbicos, por decirlo de alguna forma. Las alturas son importantes para ellos, como no lo son para los perros, quienes se mueven en el plano de la tierra. Pero el gato se eleva, por lo tanto, necesitan tener muchas alturas donde puedan salir de una situación de estrés. Por ejemplo: si se sienten cómodos arriba de estantes o refrigerador, es porque ahí sienten bienestar.
Asegurar que el gato siempre tenga acceso disponible a sus recursos, muchas veces los perros dificultan su paso hacia el cajón de arena, a su comida, a su agua, entonces es súper básico que los animales tengan bien distribuido sus recursos, para que no tengan que competir por ellos o por el acceso a ellos”.
¿Existen “errores” frecuentes en la tenencia de ambas mascotas?
“Suele ocurrir siempre el mismo error, la desinformación. Muchas personas no se informan de la especie o raza que desea adoptar o comprar, no averiguan sobre las necesidades de las mascotas. Entonces, el primer error es no informarse, no pedir consejos y guiarse por el tamaño de la mascota y no por las necesidades que requieren”.

Por Pablo Gómez
Académico Medicina Veterinaria Universidad San Sebastián Master en Etología y Bienestar Animal